EL FUEGO VALYRIO DEL RESIDUO - Parte II


Hace un tiempo que cuatro locos como yo estamos haciendo seguimiento de los incendios ocasionados en las plantas de residuos, denunciándolo a través de las redes. Un problema cada vez más grave, del que además existe un oscurantismo y un silencio a todos los niveles que es más que preocupante. [1.] [2.] [3.]

Estudiar estos casos es encontrarte con una absoluta falta de respuesta, estadísticas y datos no disponibles y ataques frontales por parte de empresas, “perfiles a sueldo” y algunas asociaciones vinculadas al sector, que se dedican a hacer desmentidos y a desvincularse del problema. Pero la realidad es tozuda y el tiempo al final pone a cada uno en su sitio.

Fotografía gentileza del 112 Madrid procedente de su magnífico perfil de Twitter. Incendio en una Chatarrería de Leganés.


Y es que, lo que nadie puede evitar es el hecho. Y los incendios producidos, por su relevancia, son un hecho que suele salir siempre en la prensa (local, regional e incluso nacional). Algo que hace que los que estamos preocupados por esta situación podamos recopilar la información que se va publicando en las noticias.

De esta forma, aunque seguramente no estarán todos los incendios generados, creo que la fotografía será un reflejo lo bastante fiel de la realidad y, en cualquier caso, una imagen mucho más dulce que la propia realidad. El estudio de los datos realizado en el artículo, además, podrá ofrecer una buena radiografía del problema y la situación actual, permitiendo al lector tener un conocimiento mucho más profundo y fundamentado.

Y no es que pretenda acusar a nadie en particular, ni decir que todos los incendios son provocados. Nada más lejos de mi intención. Conozco de hecho personalmente alguno de los casos, y pondría la mano en el fuego por muchos de los afectados. De hecho, la intención que me lleva a denunciar esta situación es precisamente que dejen de pagar justos por pecadores. Que los buenos gestores no sufran la mala praxis o la delincuencia de algunos “compañeros” del sector, y que en caso de sufrir un incendio, cuenten con el máximo respaldo y no caiga sobre ellos la sombra de la eterna duda.

Los datos deben llevarnos a todos pues a conclusiones claras y evidentes, y a hacer una profunda reflexión que nos lleve a atajar este problema, cada vez más acuciante y grave, y no a buscar excusas con las que taparlo para que nadie lo vea.

¿CÓMO LO HACEMOS?


El sistema de partida es sencillo y lo puede hacer todo el mundo. El criterio que se ha seguido es recopilar y registrar referencias de prensa sobre los incendios dados en plantas de tratamiento de residuos de cualquier tipo (almacenamiento, reciclaje o eliminación) que supongan la pérdida de material almacenado y la intervención de medios de extinción externos (descarto de aquí la quema de contenedores o camiones, los incendios producidos por propagación de otros externos, conatos sin necesidad de intervención externa, etc).

Bajo estas premisas comienza la recopilación de datos en enero de 2016, nutridos a partir de las noticias publicadas en medios de comunicación, y analizando sus datos más fundamentales: Fecha y hora de inicio, características del incendio, tipo de empresa afectada, material quemado, ubicación, etc.

A partir de aquí, lo único que hay es un análisis estadístico más que sencillo de los datos, al que acompaño en el presente artículo con mis conclusiones personales acerca del mismo. Espero que os guste.

¿TAN GRAVE ES EL PROBLEMA?


De los 29 incendios en 2016, a los 51 incendios en los que ya estábamos en 2018 hay un salto cualitativo importante que es claro indicador de la existencia de un problema. Algo raro está pasando en este sector. Pero es que además en 2019 estamos ya, a mediados del mes de agosto en 52 incendios, ya superando el acumulado máximo de todos los años anteriores, lo que hace prever que la tendencia seguirá creciendo, probablemente hasta que, como decía un colega mío, el sector se “auto-regule”, no quedando más plantas que quemar o quedando solo aquellas que sean rentables. 


Progresión mensual de incendios en plantas de tratamiento de residuos. Elaboración propia.


La tendencia en el número de incendios es más que preocupante, como ya habrá visto el lector, y en los últimos meses, el número se ha disparado de forma alarmante. Este verano llevamos un ratio de un incendio cada dos días, y superamos con mucho la barrera de los 10 incendios al mes, inédita hasta el momento.

Pero, si bien el número es preocupante, mucho más lo es el silencio que reina sobre estos datos, y la poca importancia que se da a la combustión de estos residuos. Y si el humo de un coche diésel es cancerígeno y el incendio de una catedral gótica genera de por sí una escandalosa contaminación por plomo, ¿cree de verdad el lector que el humo de un incendio es inocuo, y más el de una planta de tratamiento de residuos?.

Todos los que trabajamos en el sector sabemos lo que muchas de estas plantas que han ardido tienen en muchas ocasiones entre telas, y evidentemente todos los que trabajamos en calidad del aire sabemos que la emisión de un incendio siempre es preocupante desde el punto de vista de la salud de la población cercana.

Pero es que, además de la gravedad de lo que podamos respirar, tenemos que contar con lo que estos incendios puedan contaminar en otros medios (aguas y suelos). Otro tipo de contaminación que en muy pocas ocasiones se evalúa, y que puede extender y prolongar la afección de un incendio tanto en el número de afectados como en su prolongada acción en el tiempo.

Podemos concluir, por tanto, que el problema es grave por el tipo de producto que se quema, sus efectos sobre el medio ambiente y la salud en múltiples facetas, y por el número que se empieza a registrar. Y es acuciante porque la progresión es exponencial y requiere de la actuación urgente por parte de las administraciones y el propio sector.

LOS INCENDIOS SON POR LAS ALTAS TEMPERATURAS.


Una de las cosas que más me llamó la atención, cuando a partir de 2016 comenzamos a denunciar la proliferación de incendios en plantas de tratamiento de residuos, fue ver cómo enseguida comenzaron a surgir voces bien pagadas alegando que no sabíamos contar y que el incremento de incendios era el típico generado por las altas temperaturas del verano. Eso sí, nadie puso datos encima de la mesa para demostrarlo.

Pues bien. Pasado el tiempo el análisis de los datos nos podrá decir quien tenía razón. Una de las primeras ideas que se nos pueden ocurrir, pensando en incendios, y en altas temperaturas, es pensar en los incendios forestales. Efectivamente, más del 60% de los incendios forestales se concentran en los meses de verano (aunque también hay que tener en cuenta que el 55% de ellos son intencionados), por lo que este porcentaje será seguramente mayor.

Asumimos en todo caso, tal y como hace el MITECO ateniendo a sus programas preventivos y mapas de riesgo, que los incendios forestales son proclives a generarse con altas temperaturas y baja humedad, en condiciones claramente veraniegas, así que podemos utilizar estos datos como grupo testigo, y analizar cómo se comporta.

Para ello podemos contar con los datos sobre número de incendios (> 1Ha) que aporta el mismo MITECO en su página web, y con los datos de temperaturas medias que ofrece la Agencia Estatal de Meteorología también en su página web (yo he cogido las medias de verano). Y el resultado es el siguiente:

Número de incendios forestales Vs Temperatura media registrada en verano. (2012 - 2018). Elaboración propia.


En la gráfica se observa cómo la temperatura media de verano afecta al número de incendios, especialmente en los máximos, y cómo desde el 2.012 las medidas encaminadas a la prevención están dando sus frutos poco a poco, generando un descenso en el número a pesar del incremento en las temperaturas, ,con una tendencia decreciente que todos esperamos que se mantenga a pesar de factores como el cambio climático.

Cabría esperar por tanto un comportamiento similar por parte de los incendios en las plantas de tratamiento de residuos. Sin embargo, al cruzar los datos históricos que arrojaba El Confidencial en su artículo de 2017 (actualizados a partir de 2016 con los propios) con los mismos datos de temperatura, la gráfica es radicalmente distinta.


Número de incendios en plantas de tratamiento de residuos Vs Temperatura media registrada en verano. (2012 - 2018). Elaboración propia.


Resulta más que evidente que la evolución experimentada en los incendios de las plantas de tratamiento de residuos no tiene ni de lejos una progresión similar a la experimentada por los incendios forestales, y que poco tiene que ver con la temperatura. Pero por si acaso hubiese algún lector defensor de esta hipótesis entre los que aún siguen conmigo, aporto un dato adicional que creo que podría ser de su interés.

Y es que me he molestado en contrastar, desde que tengo registros, el número de incendios con la temperatura media mensual declarada por el AEMET, y la verdad es que la correlación no sale muy favorable a la hipótesis de la vinculación con las altas temperaturas. Con un coeficiente R2 de 0.49, pocos estadístas le comprarían la relación entre incendios en plantas de tratamiento y temperatura, y mucho menos la causalidad que pudiera rondarle a cualquiera por la cabeza.

La dispersión que se observa en la gráfica siguiente pone de hecho de manifiesto que es posible encontrar meses en los que con temperaturas medias de 25.5ºC (de las más elevadas) hemos tenido un máximo de 4 incendios, mientras que meses con temperaturas próximas a los 18ºC hemos alcanzado los 9 incendios. Lo cual contradice la lógica relación en el binomio temperatura / generación de incendios.

Correlación entre la temperatura media y el número de incendios mensuales. Elaboración propia a partir de datos de AEMET.


Evidentemente siempre existe una cierta relación entre incendios y condiciones meteorológicas favorables para su producción, dentro de ese 0.49, pues ni es probable que un incendio en unos residuos se genere en condiciones de alta humedad y bajas temperaturas, ni tampoco es probable que nadie decida que ése es un buen momento para prenderle fuego a sus residuos, ya que las probabilidades de “éxito” serían menores, salvo vergonzosas excepciones.

Sin embargo, que exista una cierta relación entre condiciones meteorológicas e incendios no implica ni mucho menos que exista una causalidad manifiesta. Hay un mundo de un concepto a otro, y las gráficas y datos anteriores de hecho, alejan este paradigma aún más que en el caso de los incendios forestales, vista la correlación y datos anteriores. Y eso, sin tener en cuenta que para los incendios forestales ya se calcula que el 55% de ellos son intencionados.

La conclusión es por tanto sencilla. NO. El alto número de incendios en plantas de tratamiento de residuos en todo el territorio nacional poco tiene que ver con las altas temperaturas, y vistas las estadísticas y evolución, es más que probable que un alto porcentaje de ellos puedan estar incluso provocados. Un porcentaje que sería incluso superior al que ya declaraba un agente del SEPRONA en este fantástico reportaje de TVE – Residuo a la Venta cifrando los intencionados en un 15% de los producidos.

¿A QUÉ SON DEBIDOS PUES LOS INCENDIOS?


Evidentemente habría que estudiar caso por caso, y entiendo que así lo estará haciendo la Fiscalía de Medio Ambiente, aunque no trascienda públicamente, más allá de las declaraciones vistas antes.

Pero si se cogen la gráfica del apartado anterior y se fijan en la evolución del número de incendios anuales, y les ofrezco dos hitos relevantes en el sector de los residuos, podrán obtener conclusiones por sí mismos:

  • En 2013 China, que se comía el 50% de los residuos mundiales de plástico, anunció una medida de contención ante la cantidad de residuos sin potencial de recuperación que les mandábamos, restringiendo de forma temporal la entrada de plásticos de baja calidad con la actuación denominada “Valla Verde”.

    En España, en 2013, las exportaciones de plásticos caen de forma importante, y pese a la bajada de las temperaturas (léase el sarcasmo), los incendios en plantas de tratamiento se incrementaron un 70%, pasando de 10 anuales a 17. 
  •  
  • En 2016, y ante la ineficacia de las restricciones temporales y las advertencias, China lanza una última advertencia. A partir de 2017 procederá a cambiar su política de importaciones, y prohibirá la entrada de plásticos no industriales. El planeta entero se estremece y las exportaciones caen en picado el mismo año del anuncio, si bien las medidas no entran en vigor real hasta finales de 2.017.

    En España, en 2016, los incendios en las plantas de residuos pasan de 18 incendios en 2015 a 32 incendios en 2016 (lo que supone otro incremento del 78%), y eso sólo con el anuncio de la medida. De estos 32 incendios a los 53 incendios en 2017, ya con la medida china a medio gas, va otro incremento del 66% en el número de incendios. Algo que sin embargo no parece alarmar ni al sector ni a las administraciones públicas.

A estos dos hitos habría que añadir un tercero, quizás mucho más sutil, pero mucho más devastador en el medio plazo, y que es el que está haciendo que 2019 pueda batir todos los records en la quema de actividades de reciclaje: El cierre de mercados alternativos.

Evolución en el número de incendios en plantas de tratamiento frente a los hitos de exportación del mercado.


Y es que, ante la tesitura creada a finales de 2017 por el cierre chino, el “mundo desarrollado” en su voraz consumismo, en lugar de forzar el mercado a la economía circular efectiva, la internalización real de costes, y la búsqueda de soluciones prácticas para la reducción de residuos y el reciclaje de materiales, comenzó en 2018 a buscar candidatos alternativos.

Así comenzó la carrera por derivar los residuos que ya no quería China a otros países como Malasia, Filipinas, Tailandia, Bangladesh, Indonesia o Vietnam. Sin embargo, la mayor parte de estos países, ya en alerta al ver cómo se caía el “mercado” que absorbía buena parte de la basura mundial, ha comenzado a vigilar con mayor profusión sus fronteras y, como no, a denegar y devolver barcos y contenedores que llegaban procedentes de países como España, Canadá, Estados Unidos, etc. De esta forma, 2019 se convierte ya en el año de la guerra internacional de la basura.

Ser pobre no implica ser tonto, y los países en desarrollo se han cansado de comerse la basura de los ricos. Y ¿Ahora qué?.

Con una falta absoluta de conciencia del problema, sin la capacidad para reducir la generación y conseguir una adecuada segregación del residuo, y con un mercado de gestión carente de las herramientas y tecnologías necesarias para generar un adecuado reciclaje de materiales, lo que se produce es un ahorcamiento que lleva a la asfixia del sistema.

Nos estamos ahogando en nuestra propia basura, que se acumula sin sentido alguno en gestores intermedios que no le encuentran salida y que, en muchos casos, ven cómo la volatilidad del mercado les hace perder dinero rápidamente. ¿Cómo se piensan que está acabando toda esta historia?.

LA CURIOSA DISTRIBUCIÓN DE LOS INCENDIOS.


Termino este análisis de la situación realizando un pequeño estudio de los datos que tengo registrados. Un breve análisis estadístico que puede ayudarnos a arrojar más luz sobre la intencionalidad y la tipología de los incendios que se producen en las plantas de tratamiento de residuos.

Lo primero que puede llamar la atención al analizar estos incendios y su generación es su distribución geográfica. En ella, de nuevo, no parece intervenir especialmente la temperatura ni el azar, existiendo una clara vinculación entre ubicación y número de incendios.

Aquí triunfa y de calle la Comunidad Valenciana, que acapara el 30% del total de incendios desde 2016 hasta el momento, con un total de 54. Algunos municipios de esta Comunidad tienen una especial mala suerte, y en ellos se acumulan más incendios que en algunas Comunidades Autónomas. De esta forma, Onda acumula un total de 5 incendios, y Villena 4 de estos desgraciados incidentes, quizás demasiados para asimilarlos al puro azar o la mala suerte.

Porcentaje de Incendios por Comunidad Autónoma. Elaboración propia.


Muy por detrás de la Comunidad Valenciana va Andalucía, con un total de 30 incendios, y mucho más por detrás, con cifras 8 a 15 incendios acumulados, el resto de Comunidades Autónomas, incluida Extremadura, muy a pesar de ser una de las regiones con las temperaturas más altas.

Valencia y Andalucía ostentan el record en número de incendios en plantas de tratamiento a nivel nacional. Entre ambas suman casi la mitad de ellos.

Otro de los aspectos que llama la atención al analizar estos incendios, es el alto número de ellos que se producen con la instalación plenamente cerrada y sin actividad. Resulta curioso que exista un porcentaje tan alto de materiales que, sin ser inflamables muchos de ellos, entren en auto combustión con tal facilidad y sin mediar ninguna actuación humana. ¿Simplemente el azar y la mala suerte?, ¿Cómo lo harán plantas petroquímicas, químicas, o incluso gasolineras y parques de combustibles sólidos, para no entrar en la misma debacle que las plantas de tratamiento aun manejando materiales mucho más inflamables?.

Y es que el 29,3% de los incendios se producen en día festivo, con la instalación de tratamiento supuestamente cerrada y parada. A ello hay que sumar que, un porcentaje muy similar de incendios, con un 28,3%, se producen durante la noche (entre las 22 y las 06 horas), tal y como se observa en el siguiente gráfico.

Si estos datos ya son indicativos de un comportamiento algo extraño, aún lo es más el hecho de que estos porcentajes varían sustancialmente si cruzamos los datos, siendo mucho más numerosos los incendios nocturnos en días laborales que en días festivos. Se ve que en festivo se reduce sustancialmente la probabilidad de que con la instalación parada se genere un incidente fortuito que termine produciendo un incendio.

Distribución de incendios diurnos / nocturnos y comparativa entre días laborales o festivos. Elaboración propia.


Para terminar, merece la pena analizar la distribución de las horas de inicio del incendio en función de si se trata de día laboral o festivo, tal y como muestra el próximo gráfico. En esta distribución se pueden observar diferencias sustanciales, y alguna de ellas sin potencial explicación, salvo que recurramos a la intencionalidad como fruto del enorme diferencial encontrado en las cifras.

De esta forma, la diferencia encontrada en las horas centrales del día y a última hora de la tarde es posible justificarla por la realización de actividades en las instalaciones que, ante la ausencia del personal y por causas accidentales, terminan por generar un incendio. Incendio que, por otro lado, dada la ausencia de personal (hora de la comida, cierre reciente del centro, etc) es más fácil que se descontrole y trascienda de un simple conato.

Por otro lado, el alto número de incendios en las horas de la tarde, e incluso a primeras horas de la noche, también podría justificarse por las altas temperaturas y la realización de trabajos, que incrementarían los riesgos de incendio entre las 11:00 y las 21:00 horas los días laborales. En este punto, lo que no tendría muchos visos de justificación son las fluctuaciones en los horarios de inicio del incendio para los días festivos que se observan en las gráficas, un comportanmiento que dista mucho de corresponderse con causas meteológicas o fortuítas.

Tampoco cabría justificación para el hecho de que los incendios de madrugada, con instalaciones perfectamente frías y sin radiación solar ni actividad, se presenten fundamentalmente en días laborales, siendo prácticamente inexistentes para los días festivos. Coincidirá conmigo el lector que es un hecho ciertamente extraño observar este comportamiento y diferencial en la distribucion.

Distribución de las horas de inicio de los incendios registrados. Desagregadas entre días laborales y festivos.


Visto lo visto, coincidirá el lector conmigo que el problema es grave y requiere de una actuación urgente en el corto plazo. Con unos indicios más que claros y evidentes de un alto porcentaje de intencionalidad, con una progresión en el número que empieza a presentar una curva exponencial, y con una tendencia en los mercados que podría agravar la situación, no podemos seguir mirando a otro lado.



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