POR QUÉ NO FUNCIONA EL PROTOCOLO

El pasado mes de noviembre publiqué un artículo en el que analizaba matemáticamente la evolución en el comportamiento de las concentraciones de NO2 antes y después de la aparición del famoso “Protocolo Anticontaminación”. Un protocolo que el propio Ayuntamiento de Madrid reconocía poco después que se quedaba corto y que necesitaba reformarse.

No fueron pocas las críticas que recibí en su momento, al igual que las alabanzas, y lo mejor de todo es que nadie quedó impasible ante el análisis y sirvió para generar debate. Mi intención ahora es retomar el debate generando un nuevo análisis. En esta ocasión mi intención es demostrar cómo evoluciona un episodio de NO2 y cómo se aplica el famoso protocolo. Así podemos analizar y conocer en profundidad dónde están los posibles errores y cómo se podrían mejorar los procedimientos a aplicar.


La metrópoli de Madrid, una ciudad con un problema de contaminación.


Insistir de nuevo, en que esto no es ni una crítica política ni nada similar (aquí no se salva casi nadie a la hora de hablar del binomio medio ambiente / política). Tan sólo se pretende realizar un análisis técnico exhaustivo e imparcial de lo que actualmente tenemos encima de la mesa. Destacar además que frente a esta crítica constructiva del protocolo de Madrid, cabe recordar que por lo menos el Ayuntamiento de Madrid tiene un protocolo de actuaciones y un acceso claro a los datos registrados, que son los que nos permiten fundamentar esta crítica. No ocurre lo mismo con todas las ciudades en España.

El episodio escogido es el último para el que había datos históricos acumulados, y se corresponde con el episodio acaecido entre el 23 y el 29 de Octubre de 2017, para el que he realizado un análisis desde antes de su generación.


ANTES DE NADA…..

Antes de nada, os dejo la animación que adelanté hace unos días en las redes. En ella se muestra la evolución de las concentraciones y actuaciones frente al episodio de octubre. La representación geográfica de las concentraciones mediante técnicas de minería de datos permite tener una visión mucho más gráfica y simplificada de cómo se producen estos episodios y de cómo se va actuando sobre los mismos.




La animación presenta tres cuerpos principales:

  • A la izquierda las concentraciones medias de NO2 alcanzadas entre todas las estaciones de municipio (media de NO2 de la ciudad de Madrid). Se muestran cuatro datos: tres horas testigo, escogidas estratégicamente entre los picos de incremento y que sirven para controlar mejor la evolución del nivel de base, y un último dato de concentración media diaria de toda la ciudad, que permite ver el efecto acumulativo que genera la inversión térmica.

  • En el centro se puede ir viendo mediante círculos de radio y color variable cómo evolucionan las concentraciones medias horarias de cada una de las estaciones de la red de control del Ayuntamiento de Madrid.

  • A la derecha se representan las actuaciones emprendidas por el Ayuntamiento de Madrid y las distintas declaraciones de escenarios de contaminación que se realizan oficialmente.

Sobre la base de esta animación, basada en los hechos reales, iremos desgranando los aspectos que se consideran de mayor relevancia para justificar la ineficacia de las medidas adoptadas.

Por otro lado, y antes de empezar, recordar que el análisis se hace sobre el protocolo de medidas del 21 de enero de 2016, que fue el que se aplicó a este episodio de contaminación. Evidentemente, cabría realizar análisis aparte a cualquier protocolo que con posterioridad pueda editar el Ayuntamiento de Madrid, siendo conscientes de que están en la actualidad trabajando en su modificación.

En base a dicho protocolo, las actuaciones se establecen según el siguiente criterio básico de escenarios de superación de NO2:

  • Un primer escenario de Preaviso, registrado cuando las concentraciones superan durante dos horas consecutivas los 180 µg/m3 en dos estaciones de una zona, y que implica la reducción de la velocidad de la M30 y accesos a 70 km/h y la información y promoción del transporte público.

  • Un segundo escenario de Aviso, registrado cuando las concentraciones superan durante dos horas consecutivas los 200 µg/m3 en dos estaciones de una zona, y que implica además de la actuaciones anteriores prohibición de aparcar en la zona SER (estacionamiento regulado dentro de la M30), una de las medidas que más le gusta destacar a los medios.

  • Un tercer escenario, que implica superar el nivel de aviso durante dos días consecutivos, y que supone añadir a las anteriores la limitación de circulación al 50% de los vehículos en el interior de la almendra central (M30), así como la recomendación de no circulación a taxis.

  • Un cuarto y último escenario, que implica la superación de los 400 µg/m3 en tres estaciones de una misma zona durante tres horas consecutivas, o la prolongación del escenario de aviso durante más de tres días consecutivos, y que supone ampliar la limitación del 50% de la circulación a la propia M30, incluyendo ya la prohibición directa de la circulación libre de taxis.

Ahora sí, analicemos qué es lo que ocurre cuando se produce un episodio real.


Gran Vía de Madrid sin tráfico - Fuente propia.



PRIMERO. FALTA DE PREDICCIÓN.


Una de las primeras cosas que llaman la atención a la hora de ver la animación anterior es comprobar cómo es posible prever la generación de un episodio observando la evolución de los niveles en inmisión durante los días anteriores, antes de que se produzca.

Ni que decir tiene que además las condiciones meteorológicas se pueden saber con suficiente antelación, y que la predicción de los niveles de calidad del aire podría realizarse en base a las mismas (de hecho así se hace para establecer los índices de calidad del aire previstos). Pero es que además, los episodios de contaminación por inversión térmica se suelen expresar con antelación de horas o incluso días en la evolución de las concentraciones, sin necesidad de recurrir siquiera a las condiciones meteorológicas.

Así se observa, por ejemplo, en el episodio de octubre, donde la evolución de las concentraciones a las horas más conflictivas se ve incrementada en días anteriores sin que se adopte ninguna medida preventiva. En el siguiente gráfico, de hecho, se observa cómo a las 21:00 la concentración del día 21 es normal, incrementándose sustancialmente el día 22 (domingo), cuando se empieza a generar la inversión, y superando los niveles el día 23 (lunes), agravado por la influencia del tráfico, no siendo hasta el día 24 cuando se adoptan las primeras medidas, una vez declarada la superación.


Evolución de las Concentraciones de NO2 en los días previos al Episodio.


Si estudiamos los perfiles de evolución del NO2 podremos comprobar también que los días con superación presentan un perfil mucho más marcado, con las siguientes características:

  • Diferenciales en las concentraciones mucho más elevados (diferencia entre máximos y mínimos), generando los máximos a última hora del día, cuando mayor acumulación de contaminación se produce, y los mínimos de madrugada.

  • Niveles de base durante el valle de la tarde estables y considerablemente más elevados que en cualquier día anterior en el que no se produjese superación. En nuestro caso todos los valores por encima de 40 µg/m3.

Estas características nos deberían permitir conocer con antelación la generación de una situación episódica, y plantear medidas preventivas adecuadas con antelación de horas e incluso días.


Perfil de Evolución diaria de las concentraciones.



SEGUNDO. PERIODOS DE INTEGRACION DISTINTOS.

Otro de los aspectos evidentes que no escaparán a nadie de la animación que en su día compartí, es que los periodos temporales en los que se mueven las superaciones de los niveles de NO2 y el protocolo de actuaciones son distintos. Mientras que los niveles en inmisión varían en horas, produciéndose la superación de los umbrales entre las 20 y las 23 horas del día, el protocolo plantea actuaciones con un retardo de un día (24 horas).

Semejante falta de coordinación entre episodio y medidas hace que el planteamiento de su aplicación surja cuando el episodio incluso ya haya terminado, sirviendo la clasificación del escenario exclusivamente como método predictivo sobre el potencial de aparición de un nuevo escenario al día siguiente. Las medidas planteadas nacen pues caducadas frente a un escenario que ya ha finalizado.


Imagen de Madrid con su famosa gorra de contaminación.


Corregir este planteamiento implicaría que un buen protocolo debería clasificar y plantear las medidas de actuación en función de su potencial de aplicación en el corto / medio plazo. De esta forma:

  • Las medidas a medio plazo (24 horas) quedarían reservadas a actuaciones preventivas, si es que en algún momento el protocolo establece procedimientos para detectar potenciales episodios y prevenir su generación, y a actuaciones de refuerzo en el largo plazo frente a la prolongación de la inversión térmica. Debiendo graduarse en función de la evolución de las concentraciones, y no en exclusiva frente al episodio en sí.

  • Serán medidas a medio plazo aquellas que requieran de actuaciones informativas y de planificación previas, como son las limitaciones de circulación o de aparcamiento en la zona SER, la promoción del teletrabajo, etc. Básicamente aquellas en las que se requiere que el usuario conozca de antemano la medida para no infringirla.

  • Las medidas a corto plazo (horas) se podrán activar y desactivar cuando así se requiera, procediendo de forma inmediata, tanto en los momentos previos a la generación del episodio como durante la generación del mismo, pudiendo adaptarse a la misma evolución de las concentraciones y previsiones de generación. Estas medidas deberían conformar “la infantería” de las actuaciones en caso de superación.

  • Serán medidas a corto plazo aquellas que puedan adoptarse con carácter inmediato, no requiriendo de actuaciones previas. Entre ellas se pueden adoptar medidas informativas (paneles informativos), de limitación de la velocidad, de regulación y derivación del tráfico, de promoción del transporte público, de limitación de la circulación de vehículos pesados o taxis sin pasajero, etc.


TERCERO. CONCENTRACIONES DE REFERENCIA ABSURDAS.


Aunque ya lo comentaba en el primer artículo sobre el análisis matemático de los resultados del protocolo, reitero en este punto que el protocolo tiene unos umbrales de preaviso y aviso que son extraordinariamente próximos (180 y 200 µg/m3), con un diferencial que ni siquiera se corresponde con el nivel de fondo de la capital para este contaminante, lo cual resta efectividad al protocolo e impide el cumplimiento del objetivo real, que debería ser el de evitar que se supere el valor límite que marca la legislación para la protección de la salud.


Extracto del Real Decreto 102/2011 sobre el VL de NO2.


El hecho de que los umbrales de preaviso y aviso estén tan próximos hace que, como ya vimos en el anterior artículo, la gran mayoría de los episodios se inicien de entrada con un umbral de aviso, tal y como de hecho ocurre con el que nos ocupa, lo que significa un fracaso precisamente en el establecimiento de los umbrales de preaviso y, por lo tanto, en la capacidad del protocolo para adelantarse a la superación.

Por otro lado, al fijarse las medidas de actuación con un retardo de 24 horas con umbrales tan próximos, lo que ocurre es que en los episodios que se inician con un nivel de preaviso (algo que ya no es habitual) termine generándose en la mayoría de las ocasiones una superación posterior del umbral de aviso.

Destacar en este punto que, si el verdadero objetivo del protocolo es evitar que se produzca un rebasamiento del valor límite para la protección de la salud, fijado por la normativa en 200 µg/m3 (que no podrán superarse más de 18 veces al año), no tiene mucho sentido que el protocolo establezca como niveles de aviso y preaviso concentraciones en inmisión que en la práctica se corresponden con la superación de dicho valor límite.

De hecho, hay que tener en cuenta que para que se active el nivel de aviso (2ºnivel de actuación), ya se han tenido que superar en 2 horas (de las 18 al año establecidas) el valor límite de protección de la salud, momento a partir del cual se empiezan a adoptar medidas de actuación de cierto calado. Esto hace que, en casos como el que nos ocupa, correspondiente a uno de los seis episodios registrados en 2017 en la Capital (y no el más grave), estaciones como “Escuelas Aguirre” o “Ramón y Cajal” superen en 11 horas cada una el valor de 200 µg/m3 (de las 18 horas al año permitidas).

En un par de episodios de contaminación Madrid ya puede dar por superado el valor límite de protección de la salud de NO2 para todo el año.

Bajo mi punto de vista, el protocolo de Madrid debería buscar el establecimiento de niveles de actuación bajo los siguientes criterios básicos.


  • Concentraciones más bajas para el nivel de preaviso, que permitan actuar antes al protocolo y que, según los niveles vistos hasta el momento, deberían de encontrarse en valores próximos a los 110 µg/m3.

  • Procedimientos de actuación que, además de fijarse en las concentraciones, evaluasen de forma tasada y precisa las condiciones meteorológicas de referencia y la evolución de las concentraciones con el tiempo. Actuando en función de los perfiles de comportamiento y las dinámicas atmosféricas.

  • Esto se podría lograr, por ejemplo, mediante el cálculo de diferenciales diarios, niveles basales en inmisión, evolución de medias de NO2 en el municipio, niveles de presión atmosférica, datos de radiosondeo de la agencia meteorológica, etc.

  • Establecimiento de medidas de actuación adicionales de mayor contundencia en las etapas previas, evitando que se lleguen a superar los valores límite de 200 µg/m3, unido a lo comentado en los puntos anteriores en cuanto al plazo de aplicación y la capacidad de predicción.


CUARTO. HASTA QUE EL TIEMPO QUIERA.


Algún lector de los que hayan aguantado hasta aquí, seguramente se habrá percatado de que en la gráfica de perfiles de evolución de las concentraciones diarias me he dejado un día. En concreto el día 27.

Se trata efectivamente de una tergiversación bien intencionada de la información, pues el perfil de este día en concreto demuestra a la perfección cómo la meteorología es la principal responsable de que en Madrid se mantengan niveles de calidad del aire tan funestos en determinados momentos.


Evolución de las concentraciones de NO2 el día 27 de octubre de 2017.


El día 27 es ese día en el que podría “haberse liado parda” y todo apuntaba a que así iba a ser, con una evolución de las concentraciones de NO2 muy por encima del perfil obtenido para días anteriores. Sin embargo, las condiciones meteorológicas cambiaron a eso de las 14:00 horas y las concentraciones en inmisión cayeron en picado. La inversión térmica se terminaba, con velocidades de viento que a las 15:10 presentaban rachas ya de 40 km/h (frente a los 8 km/h de media del día anterior). La naturaleza había acabado con el problema de la contaminación de un solo plumazo y sin contar con el protocolo.


La meteorología en Madrid debería ser la primera referencia de uso del Protocolo, sobre todo si se quieren prevenir situaciones episódicas.

Es evidente que la meteorología es más que relevante en este punto, lo cual no implica que el tráfico rodado quede exento de toda responsabilidad, ni mucho menos, pues sigue siendo el responsable directo de las emisiones que se acumulan (junto a otras fuentes secundarias). Una cosa no quita la otra, pero tenemos que tener claro que la meteorología debería ser uno de los pilares fundamentales del protocolo, ya que es el factor que hace que dichas emisiones se acumulen y superen el famoso valor límite para la protección de la salud.

Evidentemente no podemos actuar sobre la meteorología, aunque algunas ciudades lo están intentando por esta vía, imitando sus “procedimientos de lucha contra la contaminación”, pero sí que podremos proponer medidas que vayan en consonancia con el grado de estabilidad atmosférica que tengamos y las condiciones que se estén dando en cada momento.


En definitiva, el protocolo debería tener puesto un ojo en la meteorología a la hora de activar sus actuaciones, por lo menos hasta que las condiciones cambien y permitan a Madrid llevar un ritmo de emisión que sea asumible por su atmósfera.


Llueve en Madrid y la Atmósfera se limpia. - Fotografía de Antonio Campoy.
 

QUINTO. UN PROTOCOLO HECHO PARA SALTÁRSELO.


Una de las cosas que tendría que quedar claro a cualquier político, o puesto de responsabilidad en la administración, es que los protocolos que se elaboran deben seguirse al pie de la letra. Los protocolos, de cualquier tipo, están diseñados precisamente para evitar que sean decisiones de última hora, condicionadas por circunstancias externas y sin ninguna ponderación, las que se adopten a la hora de definir las actuaciones. Y si el protocolo se muestra ineficaz, debe cambiarse, pero tras un sesudo análisis, y no sobre la marcha.

En este sentido, los protocolos también deben procurar quedar perfectamente definidos y no dejar al “libre albedrío” la toma de decisión final respecto a las actuaciones a adoptar o la definición de los niveles que condicionan las mismas, de lo contrario el protocolo deja de ser funcional.

Hoy por hoy el Protocolo de Madrid no cumple con estas premisas, y presenta una “flexibilidad” en su aplicación que, a los que nos dedicamos a este tema, nos llama mucho la atención. El episodio de octubre, sobre el que estoy elaborando este artículo, es un claro ejemplo de este despropósito: 



A. Actuaciones que no se corresponden con el nivel: El día 23 (lunes) se activa para la Zona 1 la superación del nivel de aviso, lo cual implicaría la activación de un Escenario 2, según el protocolo. Sin embargo, por razones que no se alcanza a entender, el Escenario que se activa es en exclusiva el Escenario 1, el menos restrictivo, y medidas como la prohibición de aparcamiento en la Zona SER quedan desactivadas para el día 24 (martes).

De manera parecida, el día 26 (jueves), se produce por segundo día consecutivo la superación del nivel de aviso. Esto implicaría según el protocolo la adopción de un Escenario 3, con limitación del acceso a la almendra central del 50% de los vehículos, entre otras medidas. Sin embargo, y por razones que no se pueden justificar, se mantiene para el día 27 (viernes) el Escenario 2. Esto es lo que hace que el día 27 las concentraciones fuesen ya funestas, con la suerte de que al final, tal y como hemos visto, la meteorología fuese favorable y terminase con el episodio justo antes de llegar a las horas críticas.



B. Niveles que se definen por debajo de lo indicado en el protocolo.
El día 24 (martes) las actuaciones y la meteorología llevaron a que las estaciones de “Escuelas Aguirre” y “Ramón y Cajal”, ambas de la Zona 1, superasen durante dos horas consecutivas el límite de 200 µg/m3. Esto implicaría evidentemente la definición de un nuevo nivel de aviso, y sin embargo, la definición que hace el órgano competente es de un Nivel de Preaviso. Nuevamente se incumple sin fundamento lo que el propio protocolo indica. Las medidas que se activan en esta ocasión son las que se corresponden con un Escenario 2, correspondientes a la superación durante dos días consecutivos del nivel de pre-aviso.



C. Deficiencias concatenadas. Al fallar en la definición de los niveles el día 24 (martes), las medidas adoptadas en función de los escenarios definidos no se corresponden con la realidad en días posteriores. De esta forma, mientras que el día 25 tenía que haberse declarado un Escenario 3, por llevar dos días consecutivos con superación del umbral de aviso, se declaró un Escenario 2.

El día 25 la situación empeora. Las condiciones meteorológicas siguen siendo funestas y la falta de actuaciones contundentes continúa haciendo que la calidad del aire sea mala. Se vuelve a superar el nivel de aviso. Esto implicaría, al ser el tercer día consecutivo con superación de dicho nivel, la activación de un Escenario 4. Sin embargo, al mediar un nivel de Preaviso para el día 24, lo que se continúa aplicando es el Escenario 2. El día 26 se volverá de esta forma a superar el nivel de Aviso, con hasta 10 estaciones superando el valor límite, lo que certifica que la decisión adoptada no sirvió para nada.




Al final lo que termina ocurriendo es que se aplica de forma constante y sostenida, día tras día, la misma medicina que no cura. Un Escenario 2 que se demuestra desde el principio insuficiente para terminar con el episodio o siquiera atenuarlo, en el que cada vez las concentraciones van siendo más elevadas.

Y no es que el protocolo en sí no tenga previsto ir incrementando la potencia de sus actuaciones, pues sí que fija estas herramientas de una forma clara, sino que parece existir una cierta resistencia a aplicar escenarios de actuación por encima del Escenario 2, aun cuando sea lo que corresponda, dada la gravedad del episodio.



D. Actuaciones cuando el episodio ha terminado. Enlazando con el primer punto, aunque desde el punto de vista “positivo”, indicar que el protocolo se sigue aplicando el día 28 aun cuando la situación meteorológica ha cambiado y no se han superado en ningún momento los umbrales previstos para definir siquiera el nivel de preaviso.

Si bien en esta ocasión la situación podrían venir justificada por un exceso de celo en la prevención de la reaparición del episodio, y nunca devendría en una situación negativa desde el punto de vista del resultado obtenido, la actuación no deja de suponer un incumplimiento del protocolo fijado, así como la demostración manifiesta de que la meteorología no es un factor clave a la hora de fijar el escenario y las actuaciones.





¿Y SOBRE LAS MEDIDAS?


Como habréis podido observar, he dejado para el último lugar el comentario sobre las medidas y actuaciones para evitar o reducir los episodios de contaminación, pues no es algo que me guste mucho juzgar. Las medidas son medidas y siempre será mejor algo que nada (aunque hay veces que ciertas medidas han demostrado que pueden incluso empeorar la calidad del aire). Por otro lado, personalmente no creo que sean las medidas que se aplican las que hacen que el protocolo no funcione, sino más bien el cómo y el cuándo se aplican.

Hay que tener en cuenta, además, que la adopción de medidas para la prevención y el control de la contaminación atmosférica en nuestras ciudades, y más cuando tienen que ver con el tráfico rodado, es un tema muy arriesgado e impopular para el político, y normalmente suele servir de arma arrojadiza entre nuestros “profesionales de la política”, por lo que no quiero que parezca esto un discurso anti-partido.

A mí personalmente las medidas del Protocolo de NO2 de Madrid me parecen contundentes y útiles, siempre y cuando se apliquen, y se haga en los tiempos y durante los plazos adecuados. Evidentemente se podrían complementar y diversificar con medidas adicionales, incluyendo medidas que apoyen aquellas actuaciones prohibitivas con mayor contundencia, pero las medidas en sí parecen adecuadas.

Se podría, por ejemplo, prohibir el apartamiento en SER en la almendra central, y a su vez rebajar el coste del aparcamiento en el exterior de la misma, especialmente en las zonas que estuviesen próximas a líneas de transporte público. De esta forma potenciaríamos el aparcamiento disuasorio y la dispersión de las fuentes. Pero la medida central, que es evitar el aparcamiento en la zona más problemática, bajo mi punto de vista es la adecuada.

Por otro lado, algunas medidas, como la de limitar el acceso al 50% de los vehículos, yo la reconvertiría a la limitación de acceso de aquellos vehículos clasificados como más contaminantes, ya que es el potencial de emisión el que más nos interesa, no el porcentaje de tráfico. Existe para ello un distintivo ambiental previsto por la DGT que permitiría categorizar los vehículos y evitar el acceso de los más contaminantes. En cualquier caso, la limitación del tráfico, sea como sea, es también una medida contundente y efectiva.


Pero más allá de las medidas actuales del protocolo, sí que sería esencial el diseño de medidas preventivas que tengan un mayor calado, así como la negociación con agentes de diverso tipo (empresas, conductores, administración regional, etc) para encontrar soluciones que eviten llegar a alcanzar los episodios de contaminación que últimamente se están sucediendo.

Sobre estas medidas preventivas, y una vez alcanzada la concentración de 200 µg/m3, lo “único” que queda son medidas de lucha contra la contaminación contundentes que no pueden más que pasar por la limitación drástica de la circulación por aquellas áreas más afectadas. Intentando siempre que estas medidas, que recordemos se adoptan por nuestra salud, afecten lo menos posible a la movilidad de los ciudadanos que tienen que trasladarse.

Os propongo que, en los comentarios a este artículo, y por no alargar mucho el mismo, hagamos una reflexión de las medidas preventivas y correctivas que podríamos adoptar, adicionales a las que ya nos proponen desde Madrid, para evitar y luchar contra la contaminación atmosférica en una gran ciudad. ¿Qué proponéis?

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